Y si realmente lo que ocurre es lo que eres, para cambiar lo que sucede en tu vida solo hay un camino: o cambias tú u olvídate.
Tienes dos opciones: vivir instalado en la queja y en el inmovilismo, y entonces no va a cambiar nada (recuerda que lo que sucede es lo que eres), o activarte, moverte y empezar a cambiar en ti aquello que quieres cambiar de tu vida.
Cuando me instalo en la queja y pongo la responsabilidad en otros, esperando que algo evolucione como por arte de birli birloque, lo único que estoy haciendo es, sencillamente, actuar desde el victimismo y delegar mi vida (que es tremendo, por cierto).
Y esa es una posición que, como te enganches a ella, cuesta muchísimo cambiarla. Se hace dueña y señora de nuestras vidas, porque además es adictiva (y por supuesto, cuando estás en ese modo, ¿a que aparecen de manera mágica otros igual, con quejas incontables sobre esto y aquello? Es que la energía vibra en una determinada frecuencia y atrae lo que tu mismo emites…).
Pero cuando asumo que el cambio comienza por uno mismo, sobre todo a nivel de ideas, creencias y paradigmas vitales… el resultado es radicalmente distinto. Entonces las novedades suceden, pero no porque se lo haya pedido al universo, sino porque he sido yo mismo quien ha decidido ponerse las pilas para que ocurra lo que tiene que ocurrir.
Al final del día solo se trata de hacerse una pregunta:
¿A: Quiero vivir mi vida o B: quiero que me “la vivan” otros?
Y si decido la opción A…¿Estoy dispuesto a pagar el precio que eso supone? (porque de fácil, nada…)
Pero el premio a cambio es vivir. Lo otro es solo pasar por la vida. Que es muy distinto y que es donde está la mayoría de la población, sin darse cuenta.
Así que…
¿Qué decisión relativa a tu integridad y congruencia estabas demorando por miedo? ¿Qué pequeño paso vas a dar mañana por la mañana para empezar a “meterle el diente”?
Un abrazo fuerte, largas lunas y ¡Buen Camino!
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