¿Quién serías sin tu causa?
Esta frase la leí hace años en un libro, y me dejó muy pensativo.
No sé si tú tienes una causa. Si no la tienes, pues a lo mejor no tiene mucho sentido que sigas leyendo. Mucha gente tenemos causas, que pueden ser muy loables desde nuestro punto de vista: la lucha por el planeta, o ecología, el hambre, la justicia social, la familia, los hijos, toros no, o sí, o ideológicas, o religiosas, deportivas…
Normalmente, a esas causas se le añade el término “lucha”. Y por ahí empieza a haber distorsión (lucha implica conflicto, y eso solo existe desde el 3D, desde la supervivencia; desde la consciencia nunca hay conflicto).
Pero sigamos…
Recuerdo una entrevista a Edurne Pasaban, la primera mujer que escaló los 14 “ochomiles”, donde cuenta la depresión profunda en la que cayó cuando se le acabaron los 14. Se quedó vacía.
Está estupendo tener una causa (o varias). El problema viene cuando lo que en realidad estamos haciendo es tapar con la causa temas internos de mí mismo que no quiero ver.
O sea, pongo una cortina de humo con una causa para no hacer el trabajo interior conmigo mismo que me toca hacer. Me autoengaño (las causas y más si parecen justas son superdefendibles por la mente distorsionada o inconsciente, y a los que nos escuchen también les parecerá que tiene sentido).
Así que la jugada es redonda, pero hay un componente enorme de “fake”.
De hecho, desde la insconsciencia (la 3D, la supervivencia) siempre se pone la causa de todo en cosas fuera de nosotros (referencia externa) cuando la clave de la evolución está en mirarme dentro en cada momento (referencia interna).
¿Se trata de no tener causas? No. Puede estar genial tenerlas. Pero ¿desde dónde las estoy teniendo?
Se trata de darse cuenta de si me estoy autoengañando y si puedo ser realmente sincero conmigo mismo al responder a la pregunta “¿Para qué tengo esta causa?”
De esa manera podré ir viendo más cosas de mí mismo, conociéndome y siendo más consciente. Y, por lo tanto, poder tomar otras decisiones si las que había no eran más que distorsiones para tapar cosas. (Y si las tapo, es que me quedo como estoy o voy para atrás).
Así que por eso para mí la pregunta que leí en ese libro es tan importante.
Te la vuelvo a hacer, para refrescar:
¿Quién sería yo sin mi causa?
Te mando un gran abrazo y ¡Buen Camino!
Josepe
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