Pues sí, como todas las cosas importantes de la vida, suelen ser bastante sencillas. Y jugar (o no jugar, o jugar poco, o jugar por compromiso, etc., etc.) con los niños es toda una enorme fuente de información.
Y mira que no hablo de que tengas niños. Hablo de los niños en general.
Porque el hecho de interrelacionarse con ellos supone mucho:
– Supone el hacer el ejercicio de empatía que significa ponerse a su altura (y esto también es literal. Si juegas, te bajas a su campo de juego, que puede estar a la altura de tu cintura, por ejemplo?).
– Supone hacer el ejercicio maravilloso de meterse en su mente.
– Supone dejar atrás la imagen de adulto que muchos llevamos dentro.
– Supone atreverse a reír sin motivo.
– Supone hacer cosas que no parecen razonables.
– Supone crear en el instante.
– Supone alejarse del “qué dirán”.
– Supone volver a ser niño.
Pero no, somos gente seria.
Los adultos son personas serias. Y eso de jugar con los pequeños y reírse no va con ellos.
Pues que quieres que te diga.
Tengo querencia automática a aquellas personas que todavía reconocen que tienen un niño dentro (las que no, sencillamente se autoengañan y se han creído una etiqueta), y que muestran una sensibilidad y una capacidad de acercarse a esos pequeños genios de manera natural y sin soberbias.
Y te pregunto:
¿Tú juegas habitualmente con los niños?
Si es así, ¿Cómo es tu juego, y cuando juegas y cuando no?
Y si no juegas habitualmente con los niños, ¿Cuál es la causa?
¿Qué te cuenta tu mente para que no lo hagas?
Bueno, no hace falta ser adivino para olisquear por donde va el reto que te lanzo:
¿Te atreves esta semana a jugar conscientemente (o sea, porque así lo has decidido) con niños, y observarte mientras?
Seguro que sacas información de ti impagable.
Y a los niños ya te digo que les sorprenderás muy gratamente y que estarán contentos de que quieras jugar con ellos.
Te mando un gran abrazo y ¡Buen Camino!
Josepe
¿QUIÉN HA ESCRITO ESTE POST?




