
Pero hace unos años me pasó algo que hizo que mi percepción de los planes cambiara completamente.
Yo tenía como mentor empresarial a un fuera de serie, Miquel Baixas, y estaba metido en su programa “Genius”.
Y de repente un día nos dice que el cerebro no puede procesar la cifra de un año, que le parece tan lejana y poco concreta que lo mete en “la visión” más que en el plan.
Que lo que recomienda es hacer planes trimestrales. ¿ehh?
¿Pero trocear el año en 4 y hacer los 4 ya?
Pues no. Se trata de hacer uno, y dentro de 3 meses otro. Porque es el plazo máximo donde el cerebro ve concreción y posibilidad de ejecución real.
Y después de todo este tiempo, te puedo decir que ¡funciona maravillosamente!
Porque te centras en algo concreto pero que tiene que ocurrir sí o sí en los próximos 3 meses.
Esa concreción facilita su cumplimiento.
Cuando pasan los 3 meses, has hecho ese algo que era estratégico para ti y por lo tanto puedes trazar el siguiente plan trimestral apoyándote en lo que ya has conseguido.
Te sube la autoestima.
Es fácil de hacer (mucho más fácil que el plan anual).
Y lo más alucinante es que avanzas mucho más de lo que te imaginas si te lo tomas en serio.
En mi empresa no solo nos movemos por el plan trimestral común, sino que cada uno hacemos nuestro propio plan trimestral individual.
Y en los cursos por supuesto en la mayoría te llevas el plan trimestral para hacer.
Solo se trata de que definas con mucha concreción qué es lo más importante que debe ocurrir en los próximos 3 meses, lo concretes y lo trocees en unidades más pequeñas para que sea todavía más digerible. Y ¡tachán!
Ni que decir tiene que a medida que practicas mejor lo haces y te sobrestimas o subestimas menos en cuanto a de qué eres capaz.
Te recomiendo que lo pruebes.
¿Te atreves?
Un gran abrazo y ¡Buen Camino!
Josepe
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